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La OPEP y Rusia se frotan las manos ante la inesperada oportunidad para recuperar el control del petróleo

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  • Arabia Saudí se jacta: “Se ha acabada el drill, baby, drill”, en referencia al fracking
  • La sociedad occidental criminaliza a sus petroleras con demandas constantes
  • Los inversores quieren más dividendos y dejan ‘secas’ a las grandes petroleras

Años de inversión y esfuerzo de la industria petrolera en EEUU, Brasil o Canadá por producir un crudo competitivo podrían estar a punto de echarse a perder. La gran apuesta por las energías verdes en Occidente y las trabas a la producción de petróleo están poniendo contra las cuerdas a esta industria en los países desarrollados. Mientras tanto, la OPEP y Rusia se frotan las manos y ven la oportunidad para recuperar el control del mercado de petróleo. En la reunión que se está celebrando este martes han ratificado el incremento de la producción que marcará el inicio de la recuperación de cuotas de mercado pasadas.

“Esta vez es diferente” pueden ser las palabras más peligrosas en los negocios. Se han perdido miles de millones de dólares apostando a que la historia no se repetirá. Y, sin embargo, ahora, en el mundo del petróleo, parece que esta vez realmente lo será, aseguran desde la agencia Bloomberg. La industria no despierta, pese a que los precios del petróleo se han disparado y rebasan los 70 dólares el barril, porque las políticas y los objetivos están cambiando en una sociedad occidental comprometida con la sostenibilidad y la remuneración del accionista.

Por primera vez en décadas, las compañías petroleras no tienen prisa a aumentar la producción para aprovechar el aumento de los precios del petróleo. El Brent supera ya los 70 dólares por barril y nadie mueve ficha. Hay miedo a que esas inversiones no obtengan un retorno ante la ‘fiebre verde’ que está arrinconando al petróleo, más bien a la industria del crudo occidental, porque el petróleo sigue y seguirá siendo necesario durante décadas. Incluso en la prolífica Cuenca Pérmica, el epicentro del auge energético de EEUU, los frackers se resisten a iniciar su tradicional ciclo de inversión. La condena de Occidente a sus petroleras serán los nuevos beneficios para los productores de la OPEP y sus aliados.

La industria está contra las cuerdas

La industria petrolera occidental está contra las cuerdas, por un lado los inversores de Wall Street que exigen que las empresas gasten menos en perforaciones y, en cambio, devuelvan más dinero a los accionistas (dividendos y recompras de acciones), mientras que los activistas del cambio climático presionan cada vez con más fuerza contra los combustibles fósiles. La exploración de nuevos campos de petróleo en los países avanzados está casi paralizada. 

Estos dramáticos eventos en la industria se están convirtiendo en una oportunidad para los productores de la OPEP +, que podrían recuperar la cuota de mercado perdida durante los últimos años, sobre todo a costa del fracking y el shale oil de EEUU y las arenas bitumunosas de Canadá. Dado que la producción fuera de la OPEP no se está recuperando tan rápido como muchos esperaban, o temían según la experiencia pasada, es probable que el cartel continúe incrementando su oferta poco a poco.

“Criminalización por invertir en petróleo”

Los accionistas le piden a Exxon que perfore menos y se concentre en devolver el dinero a los inversores. “Han estado tirando dinero por el pozo como locos”, explica Christopher Ailman, director de inversiones de CalSTRS. “Realmente vimos que la empresa se hundía en el pozo, sin sobrevivir en el futuro, a menos que cambiaran y se adaptaran. Y ahora tienen que hacerlo”.

Es poco probable que Exxon esté solo. Royal Dutch Shell ha perdido una batalla legal histórica la semana pasada cuando un tribunal holandés sentenció que debía reducir las emisiones de manera significativa para 2030, algo que requeriría menos producción de petróleo. Muchos en la industria temen una ola de demandas en otros lugares, con las grandes petroleras occidentales como objetivos directos, mientras que las compañías petroleras estatales que constituyen gran parte de la producción de la OPEP quedarán fuera de esta tendencia.

“Vemos un cambio desde la estigmatización a la criminalización directa por invertir en una mayor producción de petróleo”, asegura Bob McNally, presidente de la consultora Rapidan Energy Group y ex funcionario de la Casa Blanca.

Si bien es cierto que la producción fuera de la OPEP + se ha recuperado desde el colapso de 2020, aún está muy lejos de una recuperación total que parece casi imposible tras el frenazo de los últimos meses. En general, la producción fuera de la OPEP + crecerá este año en 620.000 barriles por día, menos de la mitad de los 1,3 millones de barriles por día que cayó en 2020. La previsión de crecimiento de la oferta para el resto de este año “no se acerca a igualar” el aumento esperado en demanda, según la Agencia Internacional de Energía.

Más allá de 2021, es probable que la producción de petróleo aumente en un puñado de países entre los que se encuentran EEUU, Brasil, Canadá y el nuevo productor de petróleo Guyana. Pero la producción disminuirá en otros lugares, que van desde el Reino Unido hasta Colombia, Malasia y Argentina.

Dado que la producción fuera de la OPEP + está creciendo menos que la demanda mundial de petróleo, el cártel tendrá el control del mercado, según reconocen ejecutivos y traders consultados por Bloomberg. Es una ruptura importante con el pasado, cuando las compañías petroleras reaccionaban ipso facto a unos precios más altos apresurándose a invertir una vez más, impulsando la producción fuera de la OPEP y dejando a los ministros liderados por Abdulaziz bin Salman de Arabia Saudí en una situación que no tenía precedentes.

EEUU y Canadá no reaccionan

Hasta ahora, la falta de crecimiento de la producción de petróleo fuera de la OPEP + no se está notando demasiado en el mercado. Después de todo, la pandemia del coronavirus continúa limitando la demanda mundial de petróleo y los inventarios siguen siendo elevados, por lo que el impacto en los precios está siendo suave.

No obstante, según revelan desde Bloomberg, la presión puede ser más notoria a finales de este año y en 2022. Para entonces, es probable que las campañas de vacunación contra el covid-19 estén dando frutos y el mundo necesitará más crudo. El regreso esperado de Irán al mercado cubrirá parte de ese hueco, pero es probable que se necesite más petróleo todavía.

Cuando eso suceda, dependerá en gran medida de la OPEP cerrar la brecha. Una señal que deja entrever cómo será la recuperación será diferente esta vez es el recuento de perforaciones de EEUU (mientras que en Alaska el petróleo está en caída libre). La industria está aumentando la actividad muy gradualmente, la recuperación es más lenta de lo que fue después de la última gran caída del precio del petróleo en 2008-09.

Las empresas de shale oil (petróleo de esquisto) se mantienen fieles a su compromiso de devolver más dinero a los accionistas a través de dividendos. Antes de la pandemia, las empresas de esquisto reutilizaban entre el 70% y el 90% de su flujo de caja para invertir en nuevas perforaciones, ahora mantienen esa métrica en alrededor del 50%.

El resultado es que la producción de crudo de EEUU se ha estancado en alrededor de 11 millones de barriles por día desde julio de 2020. Fuera de EEUU y Canadá, las perspectivas son aún más sombrías: a finales de abril, el recuento de plataformas petroleras de América del Norte se mantuvo en 523, más bajo que hace un año, y casi un 40% por debajo del mismo mes dos años antes, según datos de Baker Hughes.

Cuando el ministro de Energía de Arabia Saudí, el príncipe Abdulaziz, predijo a principios de este año que el “drill, baby, drill (perfora, baby, perfora) se ha acabado para siempre”, sonó como una predicción demasiado aventurada con grandes dosis de prepotencia e imaginación. Cuando los ministros se reúnan esta semana, quizá le den la razón.

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